En ocasiones las dudas invaden su inocente mente provocando que sus decididos pensamientos se distorsionen.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Y el jardín parece tan agradable así de verde..


Pero yo prefiero verlo en esos días en que la niebla baja tan despacito que nadie la oye y se posa en todo, y todo se lo traga para pintarlo de rocío cristalino. Así vienen los sueños. Parece que me visitaran y emergieran sin darme cuenta. Y, cuando apenas pienso en nada, estoy metida en uno de ellos. No sé. A veces tengo sueños que me gustan y que quisiera seguir soñando para siempre..

martes, 15 de noviembre de 2011

¿Lo más bonito del mundo?

-¿Sabes qué es lo más bonito del mundo? _ Preguntó Alejandra con la mirada clavada en la flor rosa pálido de su anillo.
+No, dime.
-Compartir el paraguas con alguien.

Óscar se limitó a acercarle la taza. Aquellas cursilerías le sacaban de sus casillas y prefería dejar que en este tipo de conversaciones, fuera ella la única que tomara la palabra.

-¿No te lo parece a ti? _ Insistió.
+Acábate el capuchino, anda.

La cafetería estaba abarrotada y resultaba imposible centrar la atención en nada que no fuese el bullicio que les rodeaba.
Pero Alejandra permanecía serena, tranquila, como si fuera la única persona sentada en aquel lugar. Levantó sus verdes ojos y atrapó con ellos al chico moreno que la miraba desde el otro lado de la mesa.

-Mañana me voy.
+Ya, ya lo sé. _ Se lamentó.
-¿Crees que se estrellará el avión en el que vaya? ¿Crees que quizás nos topemos con algún pájaro con el corazón roto que se suicide golpeándose con uno de los motores?
+¿Qué tonterías estas diciendo Alex? No va a suceder nada así. Menuda imaginación...

Óscar se estaba poniendo nervioso. Era el último día que iban a pasar juntos y aún así ella tenía que ahogarlo con sus estupideces. Tamborileó sobre la mesa con los dedos, se balanceó sobre la silla un par de veces y Alejandra volvió a bajar la mirada para centrarse en su taza.

-Está frío...
+No me extraña. _ Dejó unas cuantas monedas sobre la mesa y la apremió levantándola del brazo. _ Anda, vámonos.

Cuando salieron a la calle se había puesto a llover. La densa cortina de agua cubría cuanto podían ver y nadie pudo resguardarse a tiempo antes de que el aguacero les sorprendiera. Alex miró con ternura la lluvia, como si fuera parte de ella. Él la rodeo con el brazo, y en aquel momento sintió cuánto iba a echarla de menos.

-¿Sabes que es lo más bonito del mundo...? _ Repitió casi en un susurro.
+Sí, Alejandra, claro que lo sé... _ Se aventuraron bajo la lluvia y él tendió su mano para que le acompañase. _ Saber que contigo los momentos más bonitos del mundo siguen siéndolo aunque no tengamos paraguas.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Sólo hacen todo, lo mejor que pueden.

"Uff, todavía miércoles" 
Tiró el pequeño vasito de papel que hacía dos minutos contenía aquel olor a café, si es que se le podía llamar así, que por unos instantes le hacía evadirse del recargado ambiente con esencia a desinfectante. Abrochó la bata, puso un par de bolígrafos en el bolsillo del pecho y se echó el estetoscopio al cuello. Las 8:30. Era una mañana agitada. 
Un señor entrado en edad, que andaría cerca de los 80 años, llegó al hospital para que le quitasen los puntos de un pequeño corte en la mano izquierda. Llegó un tanto nervioso. Al parecer estaba algo apurado de tiempo, comentó que tenía una cita a las 9:00. La doctora López comprobó sus señales vitales y le pidió que tomase asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo vio mirando continuamente su reloj y decidió, que ya que no estaba ocupada con otro paciente, podría examinar su herida.
Durante el examen, comprobó que estaba totalmente curado por lo que le pidió a uno de los enfermeros algunos elementos para quitarle las suturas y curar su herida.


-¿Tiene alguna cita con otro médico? - le preguntó Isabel al ver a aquel señor mayor tan preocupado por la hora.
-No doctora, pero tengo que ir al geriátrico para desayunar con mi esposa. - dijo sonriendo.
-¿Y cómo se encuentra su mujer?
-Bueno...hace tiempo que está allí. Tiene Alzheimer. 
-¡Vaya! - exclamó en un tono compasivo. -¿Se enfadará si llega un poco tarde?


El hombre, cuya piel reflejaba el paso de los años, le contó que hacía tiempo que ella no sabía quién le visitaba. Hacía cinco años que su compañera no podía reconocerlo.
Isabel se sorprendió.


-¿Y usted sigue yendo cada mañana, aun sabiendo que ella no le reconocerá?
El anciano sonrió y acarició la mano que le había quitado los hilos a su herida. -Ella no sabe quién soy yo, pero yo aun sé quién es ella.


Bajo la bata, sintió como se erizaba la piel a la vez que se formaba un nudo en la garganta que intentaba disolver para que no brotasen lágrimas mientras el señor se levantaba de la camilla, cogía su chaqueta marrón y caminaba decidido hacia la salida. "Ese es el tipo de amor que quiero en mi vida".



El amor verdadero no es físico, ni romántico. El amor verdadero es la aceptación de todo que es, ha sido y será o no. La gente más feliz, necesariamente, no tiene lo mejor de todo; ellos sólo hacen todo, lo mejor que pueden.
La vida no se trata de esperar a que pase la tormenta, sino saber bailar bajo la lluvia.


domingo, 16 de octubre de 2011

Little Diana

- ¿No crees que hace demasiado frío? - vocalizaron sus labios morados.

Yo iba a decir, que claro que no, pero pensé que le molestaría. También pensé en todos los kilómetros que nos tocaba aguantar todavía. Berlín era fría, muy fría, pero era una ciudad, con sus farolas cada veinte metros, con las cafeterías humeantes a cada paso, con el motor de miles de coches rugiendo en la avenida. Noté como ella se amarraba a mi costado con fuerza y sonreí.

- Tenemos que seguir caminando. - dije.

Durante un buen rato ninguna de las dos se atrevió a decir nada. Anochecía de una forma imparable: al minuto diez el cielo era violeta, al minuto once se había vuelto añil, en el doce la negrura amenazaba con cubrir las estrellas.
Pasada la hora y alejadas del barullo céntrico de la capital alemana, me detuve. Se trataba de un recinto privado. Un gran jardín precedía a un edificio mayor. El resto de la calle se componía de fincas corrientes y un parking público. Ella me miró con los ojos inundados en preguntas. No le di explicaciones. La cojí de la mano y entramos en el hospital. Notaba como poco a poco sus pasos se volvían lentos y dubitativos.

- Espera. - dijo deteniéndose.

Un celador nos miraba desde la entrada. El olor a desinfectante ya empapaba nuestra ropa y cabello. Ella tenía la misma expresión que un corderillo asustado. Le acaricié de nuevo.

- Cariño, tienes que entrar ahí.
- Pero... no me ocurre nada, mamá.

Hice presente mi fuerza en su brazo al mismo tiempo que sostenía una sonrisa tratando de hacerle entender mi preocupación. Sus ojos bailaban de izquierda a derecha mientras su respiración se agitaba. Pasé mi mano por su cintura y empezamos a caminar hasta la sala de espera. Cada segundo allí, cada pequeño paso en ese pasillo tan blanco y tan limpio, era una carga para ella. Y para mí. Entendía lo que su cabeza pensaba, lo que su corazón pedía. Pero esta vez yo era la madre. Cuando una enfermera preguntó el motivo de la visita, ella se desmayó. Me apenaba tener que internar a mi hija por el mismo motivo que mi madre me había internado a mí décadas atrás. Pero aquella ciudad era demasiado bella para perderse la vida de una joven que ni siquiera había comenzado a apreciar el frío de Berlín.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Por un momento.


Hay algo en tí, en mí, en todos que me hace dudar de que realmente existamos. Es esa inercia hacia el futuro, hacia el bienestar y la felicidad común, ¿dónde ha uqedado la magia y las aventuras? ¿Es que nadie elige vivir con emociones extremas? ¿Y los héroes? Yo no soy una heroína ni tampoco una aventurera, claro. Pero mi inercia está ahí, hace que me quede en casa a dormir porque mi cuerpo está cansado. Hace que trabaje para ganar dinero que me proporcionará recursos con los que vivir bien. ¿Y qué es vivir bien? ¿Tener una casa? ¿Hacer un viaje de vez en cuando? Mirate por un instante en el espejo y pregúntate qué ha sido de aquellos sueños de ser princesa, Indiana Jones, mago. ¿Dondé has dejado la emoción de vivir en un cuento de hadas, aunque eso signifique luchar contra dragones y estar prisionera en una mazmorra por un tiempo?